martes, 9 de julio de 2013

CAPÍTULO SIETE


Lola y María dejaron los ensayos entusiasmadas, les había salido genial la interpretación, al menos eso creían ellas, a lo mejor Paco le ponía alguna pega, pero no sería difícil de corregir, ya que se metían tan intensamente en la piel de los personajes que vivían sus mismas pasiones. Dejaron la parte del texto en la que entraban en escena otros actores . Leyeron unas frases en las que aparecía Cristina, pero sin interpretar, ya que sólo quedaron las dos esa tarde por sugerencia del director. 

-Hola Cristina ¿Qué tal? -le dijo Paquita a la hija de doña Carmen-. Llegas a buena hora para cenar, te estábamos esperando.

Paquita y doña Carmen se miraron con ironía para disimular.

-¡Qué bien que me hayáis 
esperado para cenar -dijo Cristina-. Así podré charlar un poco con mi madre a ver cómo lleva su alzheimer.

Guardaron el guión. Se felicitaron mutuamente y volvieron a la realidad.

-Chica, esto ha estado fantástico - dijo Lola-. Por un momento me he creído mi papel y casi lloro.

-Ese es el arte de los actores, vivir en carne propia los personajes, preciosa mía ¡Qué bien has estado y qué gran actriz eres Lola de mi alma! -le dijo María dándole un abrazo-.

-Lo sé . No te olvides que tengo muchos premios por ello -dijo Lola haciéndose la interesante con un gesto de solemnidad -. Tú sí que has estado brillante...querida. Bueno, para qué vamos a andar con humildad, las dos hemos estado soberbias. Ya se encargará Paco de echarlo todo por tierra si trae mañana un mal día.

-¡Uf...! Es verdad. Esta noche no dormirá y estará todo el día de careto. Lo mejor será que descansemos nosotras para no fallar en nada. Por cierto -dijo María-. Yo también tengo que confesarte algo. Ya que has sido tan sincera y me has contado con pelos y señales tu relación con el periodista, que por cierto tienes que terminar de contármela, voy a decirte algo que, aunque me da reparo, te mereces saber: ¡Estoy enamorada de Paco!. Locamente enamorada. Cuando me mira o me pone la mano encima del hombro para corregirme algo del texto, se me estremece todo el cuerpo. Cada vez que lo miro me vuelan mariposas en el estómago.

-Pues si, yo creo que eso es amor -le dijo Lola -.Pero amor del que desgasta del que aniquila, del que te aprieta las tuercas hasta dejarte inútil, tan inútil como es el que sigas queriéndole porque Paco está felizmente casado con Ana y tú no debes meterte en medio. ya que serás la gran perdedora de esa apuesta ¿Cómo se te ha ocurrido fijarte en él?
-Yo no lo he provocado, ha sido él, quien con sus juegos eróticos ha encendido la mecha que me está abrasando por dentro y lo peor es que no sé cómo apagar el fuego - le respondió María angustiada-.-Tú no sabes lo que es que cada día te diga cosas al oído, que te deje caer papeles sobre la falda, en los ensay
os, en los que escribe, por ejemplo: "Aunque el viento te arrancara los lunares de tu falda, sigues siendo la más guapa, con lunares o sin lunares, tú eres reina de mi baile". No hay cuerpo que se resista a eso, máxime si estás sola y tienes las hormonas al pilpil. Me voy a destrozar el clítoris de tanto masturbarme por los calentones que cojo.

-¡¡No me digas que el tío cabrón te hace esas cosas...!! Deberías denunciarlo por acoso -le dijo Lola indignada. ¡Qué asqueroso, habrase visto...! Encima se lo curra, lo hace de la manera que sabe que te va a poner más cachonda. Te juro que me lo creo porque tú me lo cuentas, pero si lo hiciera otra le diría que miente, porque Paco es un tío cojonudo y comprometido con la defensa de los derechos humanos. Oye, ¿Tú estás segura que no está de broma? Me cuesta creer que haga esas cosas tan procaces un hombre tan íntegro.

- Nunca lo he visto como una broma ni como acoso, más bien me parecía algo romántico, un juego prohibido, hasta que el otro día me escribió una nota en la que me decía: Te quiero, en silencio, pero te quiero. Yo le dejé otra sobre su maletín contestándole: Yo a ti más. Automáticamente le cambió el semblante, se volvió áspero y desagradable. ¿Qué piensas de eso, Lola? - le preguntó María a su amiga-.

-Pienso que puede estar jugando a la seducción para comprobar si todavía es capaz de conquistar a una mujer, les pasa a muchos tíos, pero no cuentan con que la otra parte se pueda enamorar como te ha pasado a ti. Es entonces cuando se sienten jodidos y acorralados, quizás por eso le cambió la expresión cuando leyó tu nota y se mostró cabreado. A lo mejor se dio cuenta que no tenía que haber flirteado con una compañera de trabajo. Se muestra así para que te sientas mal contigo misma por no haberle seguido el juego en plan putón ¡Te enamoraste y le jodiste todo al muchacho el invento!

María se quedó perpleja. Eso es lo que le había pasado. Se sintió culpable de dejarle la nota porque tal vez se equivocó en la interpretación de las cosas que él le escribía. En el fondo era una ingenua. No supo darse cuenta de las herramientas que utilizaba un cazador experto y avispado. También cabía la posibilidad de que Paco fuese un tímido que intentaba conquistarla de esa manera, entonces, pensó en voz alta:

-¿No te has parado a pensar por un momento que haya podido enamorarse de mí y que por culpa de su timidez se mostró tan contrariado? -preguntó María a Lola con la esperanza de que su amiga la ayudase a encontrar una luz -.

-Imagínate que se ha enamorado de ti. ¿Piensas que te conviene una relación con un hombre casado? ¡No te metas en camisas de once varas, preciosa!. Eres guapa, lista, inteligente y una de las mejores actrices de nuestro país. ¿Qué ganarías liándote con Paco? Principalmente enemistarte con su mujer y romper la buena relación que tienes con ella -le dijo Lola-. Acabarías destrozada psicológica y profesionalmente. Ana tiene muchos amigos periodistas, de reconocido prestigio y puedo apostar que éstos se encargarían de arruinar tu carrera. Estás a tiempo, muñeca, no pierdas los papeles por un amor así.

-Lo sé Lola, que me puede arruinar la vida, pero es que no puedo más. Me ha llegado tan adentro que sería capaz de matar por pasar el resto de mi vida con él -le dijo María con la mirada perdida-.

María se quedó callada, pensando que no sabía si sería capaz de controlar la pasión que la estaba consumiendo. No le dio tiempo a decir nada porque Lola la sacó de sus cavilaciones.

-Antes de ensayar te dije que otro día te contaría lo que me pasó con Ismael después de que me comiese entera con yogurt y mermelada, pero a raíz de lo que me has contado, no voy a tener más remedio que decirte lo que vino después de aquel primer encuentro -dijo Lola -. Pero sólo hasta las doce porque tenemos que estar frescas para mañana,si queda algo ya te lo acabaré de contar en otro momento ¿De acuerdo?

-Perfecto - dijo María-.





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