CAPÍTULO
NUEVE
Ana llegó a casa a las diez de la mañana, estaba
muerta, la noche fue intensa y lo que más deseaba era tomar una
ducha, meterse en la cama, y estar todo el día durmiendo, pero había
dos cosas que se lo impedían: una, tenía que limpiar el tinglado
que dejaron Paco y sus amigos del vierninis y dos, cumplir con la
sabadeta. Mientras se desnudaba en su dormitorio antes de ir al baño,
pensó
que aplazaría el compromiso de ir de compras y lo cambiaría por la
cena en el restaurante, el caso era consumir, cumplir con el
compromiso que tenía con su país para que la prima de riesgo se
mantuviera a cero punto. Como todas las ideologías y sistemas
políticos, el Manifiesto tenía sus detractores. Una de las cosas
con las que estaban muchos en desacuerdo, era contra la obligación
de consumir los sábados, veían una forma de esclavitud el no poder
escapar a las garras de un consumismo exacerbado con los consabidos
inconveniente que ello acarreaba, tales como el tener que ir de
compras si odiaban hacerloo, si por el contrario, les apetecía más
quedar con los amigos los sábados que los viernes, en cierta manera
habían perdido su libertad como sucedía en regímenes comunistas.
Ana respetaba todas las opiniones, pero ese era uno de los puntos que
se dejaron bastante claro al redactarlo, aunque el sistema
capitalista ya no era válido y se buscaron nuevas vías, los
empresarios honestos se comprometieron a cumplir sus obligaciones con
los trabajadores y éstos a cambio tenían que comprometerse con las
empresas activando el consumo, ambas partes eran la sabia que
alimentaba el bienestar social y económico. Ana era una persona
consecuente y responsable. Desde pequeña la educaron con una máxima:
"Tu casa no acaba cuando cierras la puerta y sales a la calle,
tu casa está donde tú estés y lo primero que ha de estar limpio es
aquello que hemos de pisar al caminar" . En esos valores se
educó y creció cuidando su entorno lo mismo que sus cosas
personales. Más tarde puso en práctica otros valores y luchó junto
con su marido y amigos por dar vida al Manifiesto que revolucionaría
la forma de vida de la sociedad española..
Podía haber
esperado a que el lunes, Purificación, la señora que gestionaba la
limpieza de su casa, lo recogiese todo , pero le daba pena que la
pobrecita se encontrarse con aquel desbarajuste en la cocina después
del fin de semana. Recogería un poco y que la buena mujer limpiase
el resto más a fondo, admiraba enormemente a las personas que por su
trabajo, se dedicaban a organizar las casas y eliminar la suciedad
que otros dejaban.
Se metió en la bañera y dio gracias
a la vida por poseer más de lo que necesitaba. Se sintió afortunada
por tener un compañero con el que compartía tantas cosas. No tenían
hijos porque ambos se debían a su profesión y no hallaban el
momento de ser padres, pero eran felices porque su trabajo era
vocacional y les llenaba plenamente.
Paco
era tierno, cariñoso y con mucho sentido del humor, la hacía reír
y no necesitaba más, si a todo eso se sumaban su sentido de la
responsabilidad y su inteligencia, se creaba el cóctel perfecto para
una relación de pareja que rozaba lo idílico. Eso era lo que más
envidiaban sus amigas de ella.
El
agua caliente le caía por la espalda como una bendición ¡Qué
buena está una ducha calentita...! -dijo en voz alta-. Y se quedó
un rato con la cabeza hacia atrás sin pensar en otra cosa que en el
placer que eso le producía. No podía entender que hubiese gente a
la que no le gustaba lavarse, < no sabían lo que se
perdían...>.
Salió de su letargo y se dispuso a jabonarse el
cuerpo cuando vio que un reguero de sangre corría hacia el
desagüe, no podía ser la regla porque hacía una semana que la
había tenido, sería un desarreglo hormonal, pensó, y no le dio
importancia, pero ello le trajo a la memoria el recuerdo de la noche
que se le ocurrió hacer para cenar sangre de cerdo encebollada.
Había leído en una revista que a parte de estar buenísima y
proporcionar gran cantidad de hierro, tenía efectos afrodisíacos.
Se la preparó a Paco como plato sorpresa ¡Seguro que esa noche
había polvo...! Llevaba poco tiempo viviendo en pareja y todavía
estaba llena de pasión, pero su marido con el estrés andaba de
pene caído y quería levantarle el ánimo...
Todo estaba listo
para la cena: mantel nuevo, vajilla nueva, buen vino, velas, regalo
sorpresa...¡ sangre encebollada! ¿Le gustaría a él la idea de
ese afrodisíaco ? Todo pintaba perfecto. Todo salió pefecto.
Al
día siguiente, a eso de las doce del mediodía, fue al baño a hacer
sus necesidades. Se alarmó, cuando al limpiarse, vio el papel lleno
de sangre. Para asegurarse si era de las heces, miró el inodoro y se
asustó muchísimo al comprobar que estaba todo rojo. Se mareó al
ver aquello. Se sentó en el suelo, para evitar darse un golpe grande
si se desmayaba. Cuando estuvo mejor se dio una ducha antes de llamar
al sevicio de urgencias. Pensó que a lo mejor podría tratarse de
algo maligno y sintió cómo el cuerpo se le aflojaba a causa del
miedo .
El
médico de guardia le aconsejó por teléfono que fuese al hospital
para hacerle algunas pruebas y comprobar su estado. Llamó a Paco
,que estaba reunido con un productor de teatro , para ponerle al
tanto de la situación. Cuando estuvo arreglada, recogió algunas
cosas de aseo y avisó a un taxi. Su marido llegó a la clínica
Espejo una hora después de que ella le llamase, pero no la
encontró allí. Le dijeron en el mostrador que Ana Soloír
acababa de marcharse. Se relajó. Si hubiese sido grave estaría
todavía aquí -pensó-. La llamó al móvil y ésta lo
tranquilizó con una pregunta.: -Cariño, ¿Has ido hoy al baño?.
-No
-le respondió él- ¿Por qué?
-Para
que cuando vayas no te asustes si la caca te sale ensangrentada, es
de lo que cenamos anoche. No te puedes imaginar lo ridícula que me
he sentido cuando el médico me preguntó por lo que había
comido en las últimas venticuatro horas. Le dije que lo último
que comí fue sangre encebollada , no te imaginas lo ridícula que
me sentí cuando con tono de superioridad me dijo que yo era
hipocondríaca y que me tomase un valium para relajarme. Soy una
idiota ¡Mira que no haberme dado cuenta...!
-No
eres idiota -le dijo Paco riéndose a carcajadas- . Si no me lo
llegas a contar , yo me habría asustado también. Tú lo que eres
es mi pequeña princesa a la que adoro y de la que estoy muy
enamorado. Y a la que esta noche, cuando vuelva a casa, le voy a
hacer el amor como nunca antes te lo habían hecho. ¡Vampiresa
comedora de sangre...! ¡Te quiiero
-Pues
no vayas a tardar mucho esta noche porque no podré soportar tanta
espera -le dijo Ana con arrumacos- Yo también te quiero, tesoro
mío, ya te diré cómo quiero que me lo hagas...
Se
dijeron hasta luego. Ana se fue a su despacho a terminar un trabajo
que tenía que entregar el lunes siguiente, sin dejar de reírse
por la anécdota tan subrealista que acababa de sucederle. Lo mejor
es vivir el presente minuto a minuto -pensó- porque de repente se
se te puede presentar algo que te lo trastoque todo. En esta ocasión
tuvo suerte .
Volvió
al presente y se alertó cuando vio que la hemorragia continuaba y el
agua de la ducha resbalaba por sus piernas cada vez más roja. Se
pasó la mano por la vagina, aquello parecía una tubería rota por
cuya ranura se escapaba el líquido. Intentó salir apretando la
esponja contra la vulva, pero al levantar la pierna para abandonar la
bañera sintió cómo algo espeso le salió del cuerpo de un
taponazo. Sentía mucho frío. Los oídos le sonaban como un nido
de chicharras. Como pudo cogió el móvil que lo tenía sobre el
lavabo y llamó al primer número que salió en la agenda.
-¡Diga!
-contestó Purificación medio dormida, también ella estuvo de
vierninis y le apetecía pasarse el día en la cama-.
-¡Me
muero...ayuda! -dijo y se desmayó-.
-Purificación
se puso las gafas, que las tenía sobre un libro, en la mesilla de
noche , para identificar el número de la llamada. Saltó de la
cama al ver que era Ana quien pedía ayuda. La llamó para
asegurarse, pero el teléfono daba comunicando. Sin detenerse a
pensar se puso lo primero que vio y sin ni siquiera peinarse, cogió
el bolso y salió disparada. Para no entretenerse en ir a buscar su
coche, cogió un taxi que vio al salir del portal.. Casi se desmaya
cuando , al llegar, se encontró con un cuerpo inerte envuelto en
sangre.. Ahogó un grito con ambas manos y estuvo a punto de
caer al suelo cuando al acercarse a su jefa para ver si estaba
viva, resbaló con una bola de sangre que había junto a la
bañera.. Comprobó que aún respiraba y sin detenerse a nada más,
pidió una ambulancia.
Habían
pasado ya tres horas, desde que Paco llamó a su mujer, para
decirle que no limpiase la casa, que él se encargaría de hacerlo
por la tarde. Los ensayos estaban saliendo muy bien y estaría listo
para la hora del almuerzo. No se alertó porque no le cogiese el
teléfono, seguramente estaría dormida, pensó, así que no volvió
a insistir para no despertarla. Limpiaría todo y cuando ella se
levantase, se llevaría la sorpresa al ver todo reluciente.
A
Purificación, con el ataque de nervios, se le quedó olvidado el
teléfono en casa de Ana.. No quiso moverse del hospital hasta
conocer el estado en que se encontraba. Su ansiedad aumentaba por
minutos porque era consciente de que aún no había llamado a Paco y
éste se enfadaría mucho cuando le dijese, después de varias
horas, que su mujer había sufrido un aborto acompañado de una
fuerte hemorragia.
Dos
horas después de la llegada al hospital y de que Ana fuese llevada
a la sala de opraciones, salió el médico preguntando por
familiares de ésta. Purificación se acercó al cirujano presurosa e
inquieta:
-Buenas tardes, doctor, no hay ningún miembro de su
familia aquí, pero trabajo para ella y fui yo quien la encontró en
su casa inconsciente. ¿Cómo está? -Preguntó ansiosa por conocer
su estado-.
-Está bien. Ha sufrido un aborto de ocho semanas.
La hemorragia ha sido considerable. Hemos tenido que ponerle dos
litros de sangre. Y practicarle un legrado para limpiar todo bien.
Si la evolución es adecuada, el lunes estará en casa.
-Pero
ella cómo está? -quiso saber la empleada-..
-En estos
momentos está en observación y dentro de media hora la pasaran a
planta. No se preocupe, todo ha quedado en un susto -explicó el
médico amablemente-.
-Muchas
gracias, doctor. Yo voy a ir a casa a recoger mi teléfono, que se me
quedó olvidado con las prisas, para poder llamar a su marido, si hay
alguna novedad llamen al dieciséis y me localizarán enseguida. De
todas formas no tardaré mucho en volver.
-No se
preocupe, la paciente está en buenas manos, no es necesario que esté
usted aquí. Váyase tranquila y, buenas tardes - dijo el médico,
marchándose hacia la zona de observación-.
-Buenas tarde y
gracias por todo -dijo ella nuevamente y se marchó a toda prisa
para localizar a Paco cuanto antes.
Paco
había llegado a casa sin hacer ruido. Cerró la puerta del salón
que daba al pasillo en el que se encontraban los baños y el resto de
las habitaciones para no despertar a su mujer. Dejó las llaves
sobre el mueble que estaba en la entrada y colgó el maletín en el
perchero. Entró en la cocina que estaba al otro lado del salón y se
sirvió un vaso de “Aguas de Carcajadas” algo revolucionario
que habían descubierto unos científicos de la Universidad de
Málaga, gracias a lo cual se curaban la mayoría de las
enfermedades y se retrasaba el envejecimiento. El índice de
mortalidad bajó un ochenta por ciento, en muy poco tiempo y la
edad media de vida se puso en ciento diez años, fue un auténtico
milagro tal descubrimiento. Los padres de la fórmula seguían
trabajando para mejorarla., pues su pretensión era eliminar
completamente el deterioro físico que se producía con los años.
No comió nada. Prefirió limpiarse el hígado y el colon con el agua
y eliminar la toxina acumulada durante toda la semana y por el
exceso del vierninis. Se quitó la ropa y la echó en la cesta que
estaba en el lavadero, se colocó una camisola y se dispuso a ordenar
el desaguisado que dejaron él y sus amigos la noche anterior. Lo
primero que hizo fue meter los cacharros en el lavavajillas y
programar el "Limpiabot" , una máquina con varios brazos
de distintos tamaños y funciones, para limpiar la cocina. Las manos
electrónicas debidamente informatizadas, comenzaron a trabajar como
si fuesen humanas, dejando todo impecable. El Limpiabot era algo tan
imprescindible en las casas como la lavadora o el televisor, este
último también evolucionó muchísimo, físicamente, ya no
existía la pantalla como tal, a través del mando se proyectaba en
la pared, la programación,al tamaño deseado. Toda una revolución
tecnológica que a Paco le fascinaba, no se hacía a la idea de
vivir sin su súper máquina a la que bautizó con el nombre de
Paca. Estaba observando cómo su adorable Paca frotaba los
azulejos cuando escuchó la cerradura de la puerta de la calle. Se
sorprendió al ver aparecer a Purificación porque ésta, los fines
de semana no trabajaba. Llegó muy acelerada y aunque se alegró al
ver allí a su jefe, no pudo evitar estallar en un llanto
nervioso.
-¡Dios, cómo me alegro de encontrarte aquí! -dijo
con la garganta seca de tanto como había corrido para ir a buscar su
teléfono y poder llamar a Paco, afortunadamente no haría
falta-.
-¿Qué es lo que te pasa Puri? Siéntate aquí y
te calmas - le dijo Paco alarmado ofreciéndole una silla.
-¡Ay,
dame un vaso de agua, por favor, que vengo con la boca traspillada y
ahora te cuento lo que ha ocurrido.
Paco abrió una botella y
le llenó un vaso, se lo puso en la mano y ésta se lo bebió del un
tirón. Tomó aire y comenzó a relatarle lo sucedido sin dejar de
llorar, se estaba descargando de tanta tensión acumulada durante
todo el día. A pesar de que la situación era delicada, no pudo
soportar que Paco le dijese "Puri", odiaba que la llamaran
así. Le recordaba una maestra de la infancia que le hizo la vida
imposible., en la escuela.
-Por cierto, no me vuelvas a llamar
Puri que me pongo histérica , me bloqueo y no doy pie con
bolo.
-Perdona, no me he dado cuenta, a lo mejor ha sido por
abreviar -le dijo Paco delicadamente-. ¡Sigue., sigue, por favor!
Sonó
el móvil de Paco y en ese instante Purificación se dio cuenta de
que tenía que coger el suyo no fuera a ser que se le olvidase otra
vez. Mientras Paco atendía la llamada, ella fue al salón a
buscarlo y no lo encontró, de repente se acordó que lo dejó
sobre el lavabo, después de llamar a urgencias. Al cogerlo vio que
junto al suyo estaba también el de Ana todo manchadio de sangre. No
podía volver al hospital. Tenía que limpiar todo aquello. Quería
mucho a su jefa, pero ésta tenía a su familia y ella hacía
falta en la casa para ponerla en orden, de lo contrario el lunes ,
estaría todo seco y el hedor sería nauseabundo.
Después
de hablar con el dueño del teatro, Paco llamó a su suegra para
contarle lo de Ana y quedaron en que él la recogería camino del
hospital.
Cuando
Purificación volvió a la cocina, se lo encontró vestido, se había
puesto la misma ropa que hacía un rato depositó en el cesto ,
estaba limpia y no quiso entretenerse en buscar otra. Ella le dijo
que no le acompañaría porque era necesario limpiarlo todo. Él
estuvo de acuerdo y fue al baño antes de marchar . Se impactó al
ver todo ensangrentado y se dirigió raudo al del cuarto de al
lado. Se lavó la cara,; se peinó; se cepilló los dientes y dio un
puñetazo sobre el mármol del lavabo mientras ahogaba sus palabras
entre sollozos -¿Por qué... por qué...?-. Respiró profundo, se
secó los ojos y se despidió de Purificación con un beso de
agradecimiento.
Cuando
llegaron al hospital , Ana, ya estaba en la habitaciión. Gracias a
la transfusión había recuperado las fuerzas y el color rosado de
sus mejillas. Gracias a las nuevas técnicas no sentía molestias
por la operación. Le estaban colocando un suero y se emocionó al
ver entrar a su madre y su marido.
-¿Cómo
estás, cielo? -le dijo Paco besándola tiernamente -.
-Viva
-le contestó ella con el humor y la ironía que la caracterizaban-.
-¡Hija,
qué susto me he llevado cuando me ha llamado Paco! ¿Qué ha
pasado? ¿Cómo no me habías dicho que estabas embarazada? -le
dijo su madre dándole un abrazo-.
-Porque
yo tampoco lo sabia, mamá-. Tú sabes que no queremos hijos,
tenderemos que ver qué ha pasado porque yo estoy esterilizada.
Paco
se sentó a su lado y le cogió la mano. La amaba tanto que no
quería imaginar cómo sería de su vida sin ella.
A
las diez, después de andar debatiendo sobre quién se quedaría
acompañando a Ana se pusieron de acuerdo en que lo hiciese
Enriqueta, la madre de ésta, así tendría la oportunidad de estar
más tiempo con su hija. A Paco no le agradaba mucho la idea, pero
se resignó pensando que podría dormir mejor en su casa, ya que no
habia dado ni una cabezada desde el jueves. De paso aprovecharía
para informar a los amigos y a Ismael Castillo, al que habían
invitado a pasar el domingo en el campo con ellos.
A
la mañana siguiente, sobre las ocho, antes de que llegase Paco,
Ana ,se dio una ducha y se arregló un poco el pelo, realmente, no
daba la impresión de estar hospitalizada. Después de salir ella,
entró su madre para refrescarse la cara y peinarse, no
necesitaba mucho para estar guapa, era bellísima y de cualquier
manera deslumbraba. Tuvo suerte de recoger algunas cosas de aseo
mientras Paco llegaba a recogerla y gracias a eso pudieron
cepillarse los dientes y el cabello. A las nueve les trajeron el
desayuno y a las diez , cuando Paco llegó, estaban las dos
sentadas charlando sobre sus cosas.
-Buenos
días ¿Cómo está la mujer más guapa del mundo? - dijo Paco
portando un ramo de rosas y una caja de bombones.-.
-¡Vaya,
qué detalle! -dijo Ana-. Estoy estupenda, como si no me hubiese
pasado nada. Ojalá me diesen el alta hoy.
-Eso
depende de cómo te vea el médico por dentro, cariño, no tengas
prisa por marchar, te imaginas que estás en un hotel y de paso te
relajas -le dijo él dándole otro beso cargado de ternura.
-Enriqueta
y tú... ¿cómo has pasado la noche? -preguntó a su suegra que
miraba embobada , la delicadeza , con que su yerno trataba a su
hija-.
-De
maravilla, desde que los acompañantes tienen derecho a cama, es un
gustazo quedarse con un enfermo. Parecía en el dos mil doce que la
Seguridad Social se iba a acabar y gracias al Mnifiesto ha mejorado
más todavía. -le contestó Enriqueta-. Eso se lo debemos a vuestra
iniciativa.
-Es
que tienes un yerno que no te lo mereces, mami -dijo Ana sin soltar
la mano a su marido y haciéndole un guiño-.
-Creo
que deberías irte a casa y descansar ya que estoy aquí. Te prometo
que cuidaré bien de tu hija – le dijo Paco a Enriqueta ,
bromeando, sin parar de acariciarle el pelo y besar a su mujer.
-Me
parece genial, tortolitos, así os dejo un rato solos para que os
hagáis carantoñas. No hay mal que por bien no venga. Siempre os
quejáis del poco tiempo que tenéis para estar juntos y mira por
donde se ha presentado esto para que paséis el día solitos -dijo
Enriqueta con complicidad.
Mejor
que no hubiese abierto la boca, porque en cuanto terminó la frase,
llamaron a la puerta y entraron las amigas de Ana cargadas de flores
y chucherías.
-¡Buenas,
¿Cómo está nuestra reina? - preguntó Trini que fue la primera en
pasar.
-Hola,
guapas, estoy como una rosa -dijo Ana muy contenta al ver aparecer a
sus amigas- ¡Qué alegría que hayáis venido!
-Oye,
qué calladito te tenías lo del embarzo -le dijo Carla.
-Tan
calladito que no lo sabía ni yo -contestó Ana con humor.
-Nos
hemos llevado un susto de muerte, pero ya pasó todo, afortunadamente
todo ha salido bien -dijo Enriqueta, su madre, mientras saludaba al
resto de las chicas.
-Cuéntanos
lo ocurrido -le dijo Pilar-. Porque tu marido no ha sido muy
explícito, por teléfono, por cierto Paco, los chicos están en la
sala de espera, baja a tomar un café con ellos, y luego subís que
hoy hacemos aquí el picnic. Hemos traído bocadillos y los niños
hacen extra de hotel, ya los recompensaremos otro día y ahora
tenemos que hablar cosas de mujeres, bájate con tus amigos.
-Sí,
sí baja y que luego suba también el morenazo argentino uno que
venía con Eugenio y que quita el hipo, un tal Ismael...-dijo
Lourdes sin poder acabar la frase porque fue interrumpida por la
risa guasona de sus amigas.
-Vaya,
vaya, con Lourdes, el viernes nos pedía tiempo para vivir el duelo
de su separación y le ha bastado ver un tío macizorro para que se
le quiten las penas de golpe.
-¿De
quién habláis? -preguntó Ana.
-De
Ismael Castillo, -dijo Paco interrumpiendo a las féminas mientras se
ponía la chaqueta-. Es un periodista argentino, amigo de Eugenio
desde hace años, se encontraron, por casualidad , el viernes en la
calle , le propuse que lo invitase a pasar el vierninis con nosotros
y aceptó. Viene a hacer un trabajo sobre el Manifiesto y a arreglar
asuntos familiares, por lo visto su abuelo era español.
-¡¡¿Quéeeee?!!
- dijeron todas al unísono-. Cuenta, cuenta, Paquito, cómo es ese
bombón .
-Os
vais a tener que esperar hasta que suba porque ahora tenéis que
hablar de cosas de mujeres . Chaíto y quedaos con la intriga.-dijo
Paco socarrón y salió de la habitación.
Enriqueta
decidió quedarse, a petición de las chicas, de todas formas no
tenía nada más importante que hacer que estar con su hija y como se
llevaba estupendamente con las amigas de ésta, sería un buen
momento para disfrutar de su agradable compañía, con ellas la
diversión, siempre estaba asegurada. El vierninis lo pasó en casa
de su cuñada, como la suya estaba limpia y nadie la esperaba, porque
su marido estaba de viaje, por motivos de trabajo, no tenía excusa
para irse, además, no estaba cansada porque durmió bien la noche
anterior y ya tendría tiempo, más tarde, de ponerse ropa limpia y
tomar un buen baño. Cerró la puerta para que no les llamasen la
atención si subían el tono de voz y se integró en la charla como
una amiga más.
En
poco más de una hora departieron sobre varios temas, embarazos,
cine, libros, actualidad, el inesperado aborto de Ana y el susto
vivido por todos, pero lo que más hicieron fue, especular a sus
anchas sobre el atractivo periodista y de las ganas que tenían de
que subiera a la habitación para recrearse con él. Así que, con la
excusa de que Ana estaba agotada y querían dejarla descansar,
llamaron a los chicos para comer un sandwich con ella y marcharse
pronto.
Inmediatamente, después de la llamada, subieron todos.
Eugenio presentó Ismael a las chicas y si Ana se encontraba
mejor, se curó del todo al contemplar semejante monumento. La
presencia del argentino iluminó ,no sólo la habitación, el
hospital y Madrid entero. Al llegar el turno de Enriqueta, ésta
tuvo la sensación de que ese aura le recordaba a alguien , era como
si lo hubiese visto antes y no recordaba dónde.
-Encantado,
señora, Ismael Castillo, para servirle -dijo éste con gentileza.
-Igualmente,
señor, Enriqueta Castillo para servirle -dijo ella sonriendo
amable-. ¡Vaya casualidad...! Los dos nos apellidamos lo mismo.
-Sí,
es casualidad, pero teniendo en cuenta que mi abuelo era español, no
debería serlo tanto. Él también se llamaba Ismael Castillo como
yo, bueno, más bien al revés, yo me llamo como él.
-A
lo mejor sois parientes -dijo Lucía haciendo un guiño picaron a
Enriqueta que inmediatamente contestó-.
-Dios
mío, mi padre tenía un hermano que se fue de España muy joven y
del que siempre nos hablaba mucho, pero no recuerdo el nombre. Cuando
llegue a casa llamaré a mi prima Lucrecia a ver si ella se
acuerda del nombre. Por apellidarnos igual no tenemos por qué ser
de la misma familia, pero en esta vida todo es posible, mayores
casualidades se dieron ¿No le parece? - le dijo Enriqueta_.
-Sin
duda, y además, a mí me haría usted un enorme favor porque yo ,
entre otras cosas, he venido a España a buscar a la familia de mi
abuelo. Se lo debo. Siempre me contaba cosas de su país y murió
con la pena de no volver a ver a los suyos, sobre todo a su madre a
la que adoraba -dijo Ismael-.
-Si
le parece, como ahora no es el momento de esta conversación, no
quiero acapararle para mí sola, podría darme su teléfono y si
averiguo algo le llamo y quedamos para para hablar -dijo Enriqueta
con amabilidad y encantada de poder ayudarle en su búsqueda-.
-Perfecto
-dijo Ismael ilusionado ante la posibilidad de que pudiera ocurrir
ese milagro, le dio su número de teléfono y se integraron en la
conversación con los demás.
-Mi
abuela -dijo Trini-, tenía familia en Argentina. Una vez vino al
pueblo el hijo de su primo para visitar España y conocer a los
parientes. Era un hombre joven y soltero, muy atractivo. Mi tía, que
también estaba soltera, se enamoró de él nada más verlo. Todos en
casa se hicieron ilusiones, pensaban que tenía dinero y que sería
un buen partido para mi tía, daban por hecho que se había fijado en
ella por la delicadeza con que la trataba, lo que no sabían es que
todos los argentinos tenían ese toque meloso. Mi abuela vendió diez
sacos de trigo que tenía almacenados y un bidón lleno de aceite
hasta el filo, habían molido dos tareas de aceitunas y se deshizo
del oro líquido, la reserva de aceite para todo el año, para
camelar al garañón. Necesitaban demostrar a su primo que su hija
era un buen partido. Se gastaron un dineral en ponerle en la mesa los
mejores platos y comprar regalos para que se los llevase a los suyos.
Como era un vividor, se dejó querer y oliéndose lo que se le venía
encima, con el pretexto de que tenía que arreglar unos papeles
urgentemente, se marchó cargado y nunca más le vieron el
pelo.
-¿Qué pasó con tu tía? -preguntó Ana-.
-Mi
tía se casó con un viudo que tenía dos hijos, porque cuando quiso
darse cuenta, después de pasarse los días esperando, aunque fuese
una postal de Argentina, ya se le había pasado el arroz y tuvo que
casarse con el primero que estuvo dispuesto a convertirse en su
esposo. El pobre hombre se murió al año de casados de un infarto,
así que, ella no tuvo que fingir durante mucho tiempo un amor que no
sentía, eso es lo único bueno que sacó de toda esa historia
-contestó Trini-.
-Ay hija, no seas bruta -le dijo Lucía-
¡Pobre hombre!
-Peor es que se casen contigo sin quererte,
para eso mejor morirse - dijo Trini-.
-No divagues, Trini
-dijo Paco- por encima de todas las cosas, lo mejor es estar vivo.
-Y
casarse enamorada, pienso yo. Si ese cabrón no la hubiese
ilusionado, mi tía no se habría casado con un viudo, sin quererlo y
habría tenido sus propios hijos -dijo Trini resentida, como si
hubiera sido ella la despechada-.
-Pero ¿Tú estás segura de
que el pariente argentino alimentó sus esperanzas antes de marchar,
o las ilusiones y fantasías sólo estaban en la mente de tu tía?
-preguntó Alfonsa-.
-A mí me contó mi madre que lo que es
decir, él nunca le dijo nada, pero que todos notaban cómo la miraba
y le gastaba bromas todo el tiempo -le contestó Trini-.
-Pero
eso no quiere decir nada. Cuando alguien nos gusta o nos enamoramos,
automáticamente, pensamos que somos correspondidos, nos sentimos
como adolescentes tengamos la edad que tengamos y fantaseamos, nos
formamos tal película en nuestra mente que nos impide ver la
realidad. Yo no digo que ese pariente vuestro no fuese un cara dura,
pero a lo mejor tu abuela se excedió como anfitriona y él no hizo
más que recibir lo que le ofrecían -dijo Ana -.
-A lo mejor
el pobre hombre se asustó cuando olió el percal y
salió
pitando sin decir nada para no hacer daño a quienes tan bien lo
habían tratado. Todo esto es hablar por hablar, la verdad sólo la
sabe él -dijo Carla-.
-Yo espero que no me suceda algo igual
cuando encuentre a mi familia española, no he venido, ni mucho menos
a abusar de ninguna mujer -dijo Ismael tímido y sonriendo-.
-Eso
es lo que quisieran muchas, que abusara de ellas un argentino tan
guapo -dijo Paco irónico, rascándose la ceja y frunciendo el
ceño-.
-Bueno, vamos a dejar esta conversación porque vamos
a asustar al pobre hombre, que nos hable un poco de las razones por
las que ha venido a España y no cuente cosas de su adorable tierra
-dijo Enriqueta apaciguando al personal-.
Ismael le contó
cosas de su familia, de su trabajo, de su abuelo y todos, mejor
dicho, todas, escuchaban embobadas la boca tan apetecible de la que
salían unas palabras que ni siquiera escuchaban porque lo único que
pasaba por sus cabezas era que desde ese mismo instante ya no habría
paz para sus hormonas.
-Y
casarse enamorada, pienso yo. Si ese cabrón no la hubiese
ilusionado, mi tía no se habría casado con un viudo, sin quererlo y
habría tenido sus propios hijos -dijo Trini resentida, como si
hubiera sido ella la despechada-.
-Pero ¿Tú estás segura de
que el pariente argentino alimentó sus esperanzas antes de marchar,
o las ilusiones y fantasías sólo estaban en la mente de tu tía?
-preguntó Alfonsa-.
-A mí me contó mi madre que lo que es
decir, él nunca le dijo nada, pero que todos notaban cómo la miraba
y le gastaba bromas todo el tiempo -le contestó Trini-.
-Pero
eso no quiere decir nada. Cuando alguien nos gusta o nos enamoramos,
automáticamente, pensamos que somos correspondidos, nos sentimos
como adolescentes tengamos la edad que tengamos y fantaseamos, nos
formamos tal película en nuestra mente que nos impide ver la
realidad. Yo no digo que ese pariente vuestro no fuese un cara dura,
pero a lo mejor tu abuela se excedió como anfitriona y él no hizo
más que recibir lo que le ofrecían -dijo Ana -.
-A lo mejor
el pobre hombre se asustó cuando olió el percal y
salió
pitando sin decir nada para no hacer daño a quienes tan bien lo
habían tratado. Todo esto es hablar por hablar, la verdad sólo la
sabe él -dijo Carla-.
-Yo espero que no me suceda algo igual
cuando encuentre a mi familia española, no he venido, ni mucho menos
a abusar de ninguna mujer -dijo Ismael tímido y sonriendo-.
-Eso
es lo que quisieran muchas, que abusara de ellas un argentino tan
guapo -dijo Paco irónico, rascándose la ceja y frunciendo el
ceño-.
-Bueno, vamos a dejar esta conversación porque vamos
a asustar al pobre hombre, que nos hable un poco de las razones por
las que ha venido a España y no cuente cosas de su adorable tierra
-dijo Enriqueta apaciguando al personal-.
Ismael le contó
cosas de su familia, de su trabajo, de su abuelo y todos, mejor
dicho, todas, escuchaban embobadas la boca tan apetecible de la que
salían unas palabras que ni siquiera escuchaban porque lo único que
pasaba por sus cabezas era que desde ese mismo instante ya no habría
paz para sus hormonas.
El
martes, después de tres días en el hospital, Ana, fue dada de alta
bajo la cálida y cariñosa compañía de su madre. Se encontraba
estupendamente, dispuesta a retomar su actividad profesional. No
estaba, en absoluto, traumatizada ni deprimida por el repentino
aborto que la cogió por sorpresa y desprevenida. Fue un embarazo no
deseado e inesperado, un hecho fortuito como cualquier otro que le
hubiera podido acontecer, no dejaba de ser un caso aislado que no
tendría trascendencia alguna en su vida individual ni de pareja, ya
que los dos tenían muy claro que ser padres no estaba en sus
planes.
Paco estaba en el teatro, faltaba poco para el
estreno de la obra y andaba de cabeza, así que fue Pilar quien se
encargó de ir a recogerlas a ella y a su madre, que no se había
separado de su hija ni un momento.
Purificación
estaba esperando en casa con la comida preparada porque las chicas
quedaron para ir a comer todas juntas y así, celebrar el alta de
Ana. Cualquier momento era bueno para quedar a comer, pero en esa
ocasión había motivo más que suficiente, para brindar por la
pronta recuperación de su amiga. Enriqueta no quiso quedarse, su
hija estaba bien acompañada y ella necesitaba arreglar un asuntillo
que tenía pendiente, así que, después de tomar un té con
Purificación y admirar la cantidad de flores que habían enviado a
casa amigos y compañeros, de Ana, sin demorarse más, se dispuso
a llamar un taxi.
-Ni
se te ocurra llamar un taxi que yo te acerco a tu casa en un
santiamén -le dijo Pilar, insistiendo sinceramente-.
--Te
lo agradezco de corazón, pero me voy más tranquila si te quedas
con Ana mientras vienen las chicas, que Purificación bastante tiene
con organizarlo todo.
-Mamá
, que estoy bien, no soy una nena pequeña. Deja que Pilar te
acompañe., no seas tonta, que lo hace con voluntad la pobre mía
-dijo Ana -.
-Ni
tu eres una niña ni yo una vieja, así que, cojo un taxi y no se
hable más, de sobra sabe Pilar que se lo agradezco mucho pero, me
sentiré mejor si se queda. ¿De acuerdo? -dijo Enriqueta con
firmeza marcando el número del teletaxi.
-De
acuerdo, cabezota, si siempre has hecho lo que te ha dado la gana y
lo vas a seguir haciendo para qué vamos a discutir. Dame un beso y
llámame cuando llegues. Te quiero mami. _ dijo Ana abrazando
tiernamente a su madre-.
-Yo
también te quiero, reina mía. Luego te llamo y me cuentas cómo lo
habéis pasado. Adiós Pilar y sigue así de buena gente, gracias de
todas formas. -Besó a Pilar y se dirigió a la cocina para
despedirse de Purificación -. Me voy guapa, si necesitas algo no
dudes en llamarme-.
-No
te preocupes, tengo todo contralado. Me quedaré esta noche a dormir
porque Paco está llegando tarde estos días con la preparación
del estreno y mientras Ana se pone más en forma no quiero dejarla
sola. Vete tranquila. -le dijo Purificación-.
-Eres
un cielo, pero sólo tendrás que quedarte esta noche porque tengo
que mirar un asunto importante. No tienes por qué sacrificar tu
tiempo estando yo aquí. Dame un beso y mañana nos vemos, cuidate.
-se despidieron y justo sonó su teléfono, el taxi la esperaba
fuera.